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28. De niño era zombie

Hubo un tiempo en el que tu única preocupación era darle patadas al balón y agarrarte a las piñas con los del equipo rival. Volver a casa chupando una naranja  -porque no tenías dinero para una gaseosa- y pagar el pasaje de 20 ctvs en el colectivo; al llegar a casa soportar el clásico "¿ya has hecho tu tarea?". ¡dios! habrá que contabilizar alguna vez cuantos días de nuestra vida se esfumaron por dibujar a Eduardo  Avaroa en el cuaderno de música o por realizar miles y miles de ejercicios de suma y resta de números quebrados.

Era precisamente en esas horas soporíferas de homeworks estudiantiles, que tu viejo se compadecía  y se sentaba a tu lado leyendo el periódico o resolviendo crucigramas para de alguna forma hacerte el aguante, aunque su secreta intención era la de darte un tirón de orejas si había demasiados borrones en tu cuaderno en limpio. Él entonces prendía la radio con la solemnidad que le habían enseñado sus viejos, y colocaba el disco Los Iracundos  que lo habían cautivado en sus tiempos de melena y pantalones de bota ancha (para mayor referencia ver películas argentinas de los 70's). Te puedes haber olvidado la letra del canto a Avaroa, pero estas en condiciones de recitar de memoria los versos de El Triunfador, Chiquilina o el infaltable Puerto Montt 

Ya con el correr de los años, llegó la oportunidad en que tuviste el atrevimiento de decir: "Papá, ¿podemos oír un disco que me prestaron mis amigos?" y te despachaste con alguna atronadora batería y aullidos demoníacos provenientes del último grito del heavy metal. Tu viejo de seguro apagó la radio, cortó el cable del enchufe y no te habló en un par de días.

Es por eso que en este pretencioso programa de radio, que ya va a la mitad de su ciclo, decidimos ponernos nostálgicos para variar y desempolvamos los vinilos, para recordar aquellas canciones que oíamos de chicos  mientras hacíamos las tareas,  de 2 a 6 de la tarde, justo a tiempo para ver el nuevo capítulo de los Super-campeones. ¡Oliver Atton ídolo total!


Dale click a ese equipo de ensueño para descargarte el programa:



Discos con bastón:







21. A ese bar ya me dejan entrar

Veintiún emisiones, el equivalente a la aceptación social de todo aquello que en un principio estaba vedado cuando eras más joven: sexo drogas -y si, super cliché- rock and roll ¿O acaso tu vieja aceptaba de buena gana que le pongas a todo volúmen Revolution 9 a las tres de la madrugada? ¡Para nada! Number nine, number nine.

Pero ahora que se te da carta blanca para entrar a un sex shop y comprarte media docena de inflables, ya no te parece atractivo, pese a que muchas veces habías soñado con la oportunidad de hacerlo -incluso tenías nombre para esas muñequitas-, Galaxia sería la consentida. Nada de eso te motiva, porque lo que está prohibido siempre es más excitante que lo que está a plena luz del día. Por eso las drogas siempre serán un preciado manjar, el día que las legalicen te comprarás un helado de limón, saltarás la soga y leerás algún libro del "irreverente" Cohelo.  Lo único cierto que cambia a los veintiuno, es la sensación de que todo el mundo te quiere ver laburando para que sueltes tus comics y dvds de anime de una jodida vez. Caso de la vida real.

Volviendo al programa, de a poco nos acercamos a la mitad de este viaje de 53 capítulos, el ombligo ya está cerca pero aún quedan muchos más errores que cometer, ya que los números en el calendario podrán aumentar pero la madurez va en sentido contrario.


Dale click al pastel para descargar el show #21.




Discos para cumplir 21:





20. Austin Powers, un día en la vida

Austin Powers es real. Alguna vez fue un espía sin muchas chances de destacarse al servicio de su Majestad; sin embargo a fines de 1991 es convocado para ser parte de la misión "Groovy", la cual consistía en remplazar al actor britano-canadiense Mike Myers -muerto en circunstancias jamás aclaradas- para así comenzar con el envío de mensajes subliminales a través del cine en favor de la siempre sexy Isabel II. 

Tras el éxito de Waynes World, Austin comienza a sentir el rechazo al mundo de Hollywood y a echar de menos su carrera como espía; no en vano había adquirido un zapatófono y varios lasers en forma de bolígrafos y cientos de bombas-chicle. Enterada de esta situación, la Reina en su infinita sabiduría -y colocada por consumir algunos hongos demás- decide apaciguarlo dejando salir a la luz algunos documentos clasificados, entre los cuales se encontraban los guiones inéditos del ya fallecido Mike Myers. 

Hábilmente y en menos tres días, después de ser informados por Dana Carvey doble agente encubierto como comediante y amigo de Austin, los escritores adeptos a Isabel II transforman el guion del proyecto “Waynes World III” en “Austin Powers: International Man Of Mystery”. 

Powers, contento por el nuevo proyecto actoral y sintiéndose totalmente identificado con el personaje -además de estar rodeado de bellísimas mujeres como Liz Hurley y Heather Graham- decidió continuar con la labor de insertar mensajes subliminales en favor de la reina. Es así que recientes estudios científicos revelan que la palabra “Shagadelic” reproducida al revés, tiene el siguiente mensaje: “Tener una reina es bien, el feudalismo es la mejor opción para la humanidad, las Spice Girls son bellas”. De este modo, y sólo de éste, se puede explicar la estupidez británica de tener en pleno siglo XXI una monarquía y cantantes mediocres pero idolatrados al máximo. 

Después de un breve romance con una de las extras que interpretó a una fembot, a quien en confidencia revela gran parte de la operación Groovy además de sus sospechas de que algo más grande se cocinaba en el palacio de Buckingham: Powers descubre que él era sólo un engranaje en el diabólico plan que consistía en la inclusión -mediante los mensajes subliminales- del Príncipe Carlos en la selección inglesa de fútbol, junto a Rooney y al tipo que no sabe pegarle ni a una bolita de papel, David Beckham. 

Austin podía tolerarlo todo, incluso una tercera guerra mundial, pero “con el fútbol ni en pedo”, de este modo es que decide abandonar la operación Groovy; no obstante, salir de las garras artríticas de la reina no iba a ser nada fácil; como condena por sus actos, es forzado a punta de pistola a actuar en Goldmember junto a Beyoncé, una película para el olvido. 

Conociendo ya de antemano el destino que le esperaba a un espía desertor, lograr escapar se transformaba en una prioridad. Afortunadamente durante la filmación de “Austin Powers: The Spy Who Shagged Me”, conoce a Elvis Costello, quien durante sus largas conversaciones demostró su repudio total por la reina, y después de que Austin compartiera con él su mejor reserva de LSD le jura ayudarlo a salir de cualquier problema. Aprovechando la atención prestada a las olimpiadas, Mr. Powers aborda uno de los jet privados de Costello, rumbo hacia “Latam”, más concretamente a Valle Hermoso, lugar donde reside actualmente y ejerce las funciones de dealer de tres agrónomos que hacen un programa de radio por internet.


Bájate el programa haciendo click en el hombre con más mojo del planeta: Austin Powers




Discos para flotar en ácido:









19. Porno y algo de Noise

DON'T WANNA GROW UP
(Versión Tom Waits)

Me gustan mis amigos. Me gusta su programa y la desfachatada cordura con la que disfrutan del aburrimiento. Me gusta que les guste la idea de estar lengüeteándole el ojete al culo del mundo, convencidos que éste, en el fondo, lo goza tanto como ellos gozan de su emisora burlona y trashumante. Me gusta que se rian a carcajadas de ellos mismos y de la seriedad de los que piensan que existe algo más serio que entregarse a la fascinación de nuestros errores. Me pone contento. Me hace sentir bien el saber que aún podemos emborracharnos un día martes en esta casa o en plena calle y subirle el volumen a los parlantes y romper las copas y hablarnos fuerte sin que nadie nos exija o nos moleste.

Me gusta estar convencido que para algunos no hay otro modo, que termina cansando el ir siempre con el gesto quejumbroso del que en medio de su molestia se acostumbra al lloriqueo y no hace, ni deshace nada. Se queda quieto, pero no quieto en contemplación de lo finito, sino quieto como aquieta el miedo a sacudirse un poco y en esa quietud se llena de hongos.

Me gusta todo el descreimiento con el que estos agrónomos se beben a bocanadas el agua con la que sus plantas deberían estar creciendo, para luego orinarse el uno al otro y generar esta bizarra fotosíntesis que, sin lugar a dudas, oxigena. ¿Que exagero? Pues sí, siempre y vociferantemente.

No me gusta, eso sí, que como dueños indiscutibles del boliche, no hayan puesto la lista de temas que había seleccionado para la ocasión, entre los que se encontraban, “Veglio Di Una Città” de Lugi Russolo, padre indiscutido del Noise que en 1913 junto a Marinetti, hizo de las suyas en unos cuántos teatro vacíos de Milan, “Humming bird” de Merzbow, el japo maestrísimo a la hora de hacer sonar lo que sea que le llegue a las manos, o  “Mulberry” en una versión rarísima en la que la gritona Yoko Ono junto a los vejetes de Sonic Youth logran una pieza digna de un programa como éste. En fin. Me gusta sin embargo haber recordado a Benny Hill y por supuesto al guatón Porcel. Me gusta también que haya estado Claudia Michel recordándoles que algo similar había sucedido con la lista de temas propuestos por ella para la versión dedicada al jazz, por lo que hemos comenzado a pensar en hacer nuestro propio y descalabrado programa radial. 

Para terminar, me gusta la idea de la caducidad. Me gusta saber que Ctrl Alt Supr tiene fecha de término. Me recuerda lo fugaz que, finalmente, resulta ser todo y por lo mismo la necesidad de estar siempre atentos, con los ojos bien abiertos intentando sacar el máximo provecho a cada cosa que se nos cruza o que buscamos. Me gusta haber escuchado a otros amigos reconociendo “un buen estado de salud” después de escuchar las guevadas que durante una hora y media hablamos. Y es que me gusta la fascinación, tanto o más que el mismo descalabro.


Gracias por la invitación (forzada) chicos
Les envio un beso ultramega

Juan Malebrán


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Discos: